Balance Anual Escolar

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La educación es una herramienta privilegiada para la transformación ciudadana, y de su calidad dependerá la eficacia de la transformación social. El reto actual, por lo tanto, es sostener una educación de calidad con un balance anual escolar como revisión de las prácticas educativas.
Una educación de calidad presupone buscar desarrollar en los alumnos el nivel más alto posible de formación del conocimiento, independientemente de su condición social, cultural y económica. Un sistema educativo de calidad mejora permanentemente, ofrece un ambiente favorable para la convivencia, logra que sus estudiantes aprendan, asistan regularmente a clases, tengan buenos resultados, sean promovidos y permanezcan en el sistema hasta concluir sus estudios.

Para que se cumpla este propósito, una institución que está en mejoramiento permanente tiene un plan de estudios concreto y articulado, utiliza el tiempo adecuadamente, fomenta y aprovecha el talento del conjunto de sus docentes, usa los recursos para la enseñanza y el aprendizaje de manera apropiada, tiene mecanismos de evaluación claros y conocidos por todos, utiliza los resultados para mejorar, cuenta con sólidos mecanismos de apoyo y tiene ambientes de aprendizaje adecuados.
Una institución educativa que mejora, no solo realiza actividades para lograr que todos sus estudiantes aprendan y desarrollen las competencias básicas, sino que, también, favorece el desarrollo personal a través de acciones que optimizan las condiciones de bienestar de todos y fortalecen las capacidades para relacionarse con los demás.
Un balance anual en una institución es un llamado a la reflexión permanente, implica monitoreo, evaluación, comunicación, replanteo, una mirada retrospectiva de, sobre todo, lo actuado a lo largo del año. Este balance nos enfrentará ante nuestras fortalezas y debilidades como institución, veremos si el camino recorrido es el que nos planteamos al comienzo del año, si las estrategias que hemos implementado fueron eficientes ante las dificultades. El balance no debe considerarse un punto final sino un punto de partida para la construcción de educación de calidad. Para ello, es necesario poner la mirada en uno mismo pero también en el otro, establecer un juego de confrontación de miradas, para saber cómo me veo, cómo consideré a mis alumnos, qué mirada tuve ante mis pares; de esta manera, podemos enriquecernos con los diferentes actores de una institución, desde el diálogo y la reflexión.
Realizar cambios en cualquier institución es una tarea muy compleja que requiere de un fuerte liderazgo del equipo directivo. Igualmente, necesita un intenso trabajo en grupo, porque la actuación conjunta permite compartir datos y experiencias, discutirlos, conectar información y desarrollar nuevas ideas. Para cambiar es fundamental que todos crean en el éxito del plan de mejoramiento y en el logro de los compromisos establecidos en el pacto de calidad.

 

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