Crecer desconectados…Sinónimo de “cerebros sanos”


Este mundo actual, vertiginoso tecnológicamente, nos moviliza a todos, pero especialmente a nuestros niños, que sufren por los cambios ocasionados el desarrollo constante de los productos vinculados con la ciencia y la innovación.
Envueltos en esta vorágine de actualizarnos todos los días, es difícil acompañar en su desarrollo a los niños, que se ven exigidos a crecer a una velocidad de maduración en muchos casos preocupante.

Si nuestro objetivo es que sus cerebros crezcan a presión, acelerando y hasta a veces eludiendo las etapas cronológicamente establecidas, solo lograremos el efecto contrario. Los niños perderán su esencia, no podrán desarrollar el razonamiento lógico y se verán imposibilitados de saber que cada cosa lleva su tiempo. El aprendizaje gradual y paulatino es lo apropiado para los niños. Ya que ellos no pueden enfrentar este tipo de presiones que a la larga tienen consecuencias no deseadas.

Si pensamos que sobrecargarlos de actividades extraescolares y de aprendizajes virtuales, los preparará para enfrenar un futuro exigente, tanto en lo laboral como en lo social, solo conseguiremos que sus cerebros padezcan la enfermedad de la época: el estrés. Nuestros niños necesitan crecer al compás de sus procesos individuales, jugar libremente, socializarse con su familia, con sus compañeros, con sus docentes y con sus amigos.

Todo lo que nos rodea ofrece aprendizajes naturales y armónicos, que además de ser muy valiosos, de formar parte del entorno de los niños y de facilitar la apropiación espontánea o guiada, son “gratis” y pertenecen al mundo real.

Pareciera que todos, inclusive los más chicos, debemos estar conectados a objetos cada vez más sofisticados, que los niños parecen conocer de forma innata. Ante esta coyuntura recordemos que tanto las familias, como en el ámbito educativo, somos los adultos quienes decidimos: el qué, el cuándo, el cómo y el para qué. Si bien es innegable que el uso de la tecnología propone una gran variedad de beneficios en nuestra vida diaria, convirtiéndose en un complemento indispensable para solucionar muchas situaciones, es preciso reconocer que su abuso produce adicción, hábito nocivo que no deseamos para los adultos, pero mucho menos para los niños.

Exponer a los niños a muy temprana edad a las pantallas, contribuye a desarrollar déficit de la atención. Además, dificulta el uso de la imaginación, la exploración y la creatividad, capacidades todas estas que permiten idear sus propios juegos y entretenimientos, y favorecen el desarrollo de un cerebro sano.

Sabemos que las conexiones tecnológicas ofrecen cambiantes estímulos visuales, con los que los niños quedan emocionalmente conectados. A causa de ello, las clases de la escuela y la comunicación con su entorno social les parecerán aburridas, porque serán mucho más tentadores los chateos con amigos virtuales.

Por estas razones es aconsejable que los niños no frecuenten en exceso las conexiones tecnológicas de cualquier tipo que sean.
EFECTOS DE LAS ADICCIONES TECNOLÓGICAS
• Frustración al no encontrar en el mundo real, los estímulos que ofrece la tecnología.
• Deficiencia atencional y aburrimiento.
• Dificultades en el comportamiento.
• Fracaso escolar.
• Malestares cervicales y visuales.
• Obesidad.
• Poco desarrollo de un cerebro curioso y equilibrado.
• Obstrucción de la capacidad de pensar, de aprender a resolver situaciones reales y a tomar decisiones.
• A largo plazo, inseguridad en el desempeño social.
• Escaso reconocimiento del valor del esfuerzo y de las relaciones interpersonales.
UTILIDAD DE LA TECNOLOGÍA EN LA ESCUELA
Puede actuar como un complemento del trabajo áulico, pero de ninguna manera convertirse en el principal canal de acceso al aprendizaje, ni desplazar a los libros, ni a la tarea del docente.
Si bien las variadas opciones tecnológicas ofrecen un espectro importante de juegos didácticos, incluso para bebés, los estudios realizados al respecto demuestran que la gran mayoría de ellos no ayudan al proceso de aprendizaje. Si las comparamos con el aprendizaje real, no tienen oportunidad, ya que el cerebro humano es mucho más rápido, complejo y creativo, que cualquier aplicación tecnológica.
Prueba de ello, por ejemplo, son las respuestas de tantos deportistas, que dibujan sus acciones a partir de las exigencias de cada momento, sin respetar las estructuras preestablecidas, respuestas que las máquinas solo pueden dar automáticamente.
Se ha comprobado que a la hora de enseñar las operaciones, la lectura y la escritura, el aprendizaje real en el aula no tiene competencia tecnológica.
ACCIONES DE LA FAMILIA Y LOS DOCENTES
Acordar en…
• Darle un papel preponderante al desarrollo emocional, centrándose en el aprendizaje de valores, en favorecer la independencia en la toma de decisiones y propiciando situaciones de resolución de problemas, tanto en forma individual, como grupal.
• Formar una personalidad fuerte, generosa, cooperativa y con expectativas de aprendizaje.
• Contarles historias, despertando su curiosidad y la participación.
• Favorecer el desarrollo de un cerebro sano, a través de…
1. Calidad de horas de sueño.
2. Una buena alimentación, acorde a la edad.
3. Formación de un pensamiento positivo.
4. Actividad física adecuada.
5. Uso de la creatividad en el juego.
6. El esfuerzo.
7. El diálogo y la escucha atenta.
8. Consignas claras, para ser respetadas.
9. Límites en el tiempo de uso de la tecnología.
10. La prioridad de la educación escolar.
11. La comprensión, el amor y el respeto a las capacidades individuales.

Nuestros niños podrán alcanzar todo su potencial y se sentirán satisfechos consigo mismos sólo si han cultivado su inteligencia emocional.
Y recordemos que….
Menos conexiones tecnológicas, más niños felices y cerebros sanos.

Por Olga Martinez

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