La autoevaluación

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La evaluación es un proceso dinámico que, en la educación, tiene como objetivo obtener información que posibilita realizar una reorientación en la enseñanza que se está instrumentando. Una de las características esenciales del proceso evaluativo radica en la dinamicidad y flexibilidad que lleva implícitas y que requiere de permanentes ajustes, donde sus resultados no deben generar una sensación de fracaso, sino que, por el contrario, deben constituir un punto de partida con las implicancias de flexibilidad que el proceso educativo requiere.
Como toda instancia dentro del proceso educativo, la evaluación requiere de la enseñanza donde los “simulacros evaluativos” constituyen, tanto para docentes como para los alumnos, un proceso de apropiación y acreditación que estructura y da sentido a la autoevaluación. Para que la autoevaluación forme parte de la acreditación, requiere que se utilicen estándares, criterios y procedimientos pautados y establecidos en el
proyecto institucional, como marco normativo general, y en el proyecto pedagógico individual, en el caso de los alumnos con necesidades educativas especiales.
Para que se produzca la autoevaluación como instancia de acreditación de contenidos, los alumnos deben aprender a evaluar sus propias actuaciones.
Para que la autoevaluación constituya una instancia de aprendizaje con alto contenido
valorativo, requiere de momentos previos fundamentados en:
● La orientación a los alumnos para que entiendan la importancia de la autoevaluación.
Puesta en práctica:
● Al terminar cada módulo de trabajo, realizar una autoevaluación socializadora: “¿qué aprendimos?, ¿para qué nos sirve?”.
● La implementación de una instancia pautada, en el momento que se comienza con una unidad didáctica, permitirá a los alumnos autoobservarse e ir examinando su proceso en forma gradual y continua.
Puesta en práctica:
● “En esta unidad vamos a trabajar la importancia del cuidado del medio ambiente, donde cada uno será un cuidador; así, luego de cada clase, podrá observar e ir anotando todas aquellas actitudes que ustedes ven que no ayudan a preservar nuestro medio natural.”
● El asesoramiento en la autoevaluación para evitar la excesiva subjetividad. Aprender a verse como uno más, con aciertos y errores.
Puesta en práctica:
● Desarrollar registros de autoobservación al finalizar cada una de las actividades.
● La habituación de la actividad autoevaluativa como un proceso donde el alumno encuentre una utilidad y llegue, en el mejor de los casos, a sentir que la necesita para encontrar el camino adecuado.
Puesta en práctica:
● Presentar los registros de autoobservación con la calificación que podrá ser obtenida al finalizar dicha actividad.
Es importante que la autoevaluación pase a ser una instancia más de las que conforman el proceso de enseñanza-aprendizaje, que pase a ser apropiada, de tal manera que se logren la habituación y la necesidad de dicha actividad, utilizando su mediación para entrenar el trabajo evaluativo y para acreditar aquellos contenidos que no fueron desarrollados en la forma esperada en la evaluación.
La autoevaluación, como instancia de acreditación de contenidos, debe ser fundamentada desde su función metacognitiva, es decir, estableciendo un puente entre el “saber qué” y “el saber cómo”, dando la posibilidad en ese proceso de autoobservación, de potenciar:
● Las relaciones afectivas, ya que si el alumno aprende a reconocer sus fallas y sus logros, seguramente mejorará la relación con sus pares, porque cultivará una mirada
compartida.
● Los vínculos contexto-autorregulación, desde el momento que comprende cuáles son los elementos que le ofrecen resistencia o dificultades a la hora de aprender, formula y asume metas, planifica, observa, registra, valora, resultándole más fácil encontrar recursos facilitadores o de autogestión con los cuales alcanzar acceder al logro.
● El autodiagnóstico, es decir, identificar las fortalezas y debilidades propias.
● La supervisión, en referencia al monitoreo, asesoramiento, promoción y control de una mejor calidad educativa.
● La cooperación, dado que el reconocerse con fallas y virtudes acerca al gesto de dar al que necesita y recibir cuando se lo requiere, base de una actitud cooperativa.
Proceso de autoevaluación
Para llevar adelante un proceso eficaz de autoevaluación en el aula, este debe ser:
Público: tiene que ser presentado, socializado y pautado en el marco de la clase.
Gradual: plantillas con detalles pautados pueden facilitar su concreción y evitar omisiones involuntarias, más aún en las primeras experiencias directas.
Democrático y participativo: todos los alumnos tienen que tener acceso a esta instancia y
recibir una devolución de la misma.
Contextualizado: se tiene que llevar a cabo teniendo en cuenta la unidad trabajada, sin perder de vista el proyecto global de ese grupo escolar de trabajo.
Riguroso: desde el punto de vista metodológico, la información debe tener relación directa con los objetivos.

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