La disciplina y las prácticas docentes

La disciplina es un factor fundamental en el rendimiento académico de los estudiantes. Los maestros sabemos que cuando en el aula existe una buena convivencia los niños aprenden más. En este sentido, trabajar en un aula ordenada, donde los chicos respetan las normas, no solo tiene que ver con la conducta sino también con el ámbito pedagógico.
Según la prueba PISA, la República Argentina está ubica en el último puesto del “ranking” de disciplina. Nuestro país se “destacó negativamente” por obtener los peores indicadores de “ambiente de aprendizaje” entre los 65 participantes de la medición y revertir esta situación es un desafío que debemos enfrentar los docentes.
Todos reconocemos la importancia de la participación de la familia en el tema de la disciplina, pero también sabemos que muchas veces no contamos con esta ayuda y que, en estos casos, somos nosotros los maestros quienes tenemos el deber de buscar alternativas para construir climas adecuados y aprendizajes de calidad.


¿Qué podemos hacer frente esta realidad?
El primer paso es asumir el problema como propio, pensar que no se trata solo de un problema de conducta de los chicos que podemos resolver con “sanciones” y reglamentos más rigurosos, sino que es un problema didáctico y que su resolución depende en gran parte de poder generar cambios en lo pedagógico.
Reflexionar sobre nuestras propias prácticas seguramente nos permitirá tener un diagnóstico claro de la relación que existe entre la falta de disciplina y la consecuente falta de interés. Mirarnos a nosotros mismos, cuestionarnos en nuestro ámbito profesional
puede ser la punta del ovillo que nos permita desenmarañar esta situación. ¿Se portan mal porque no les interesa o el desinterés los lleva a portarse mal?
Intentar responder estos interrogantes quizás nos enfrente a un dilema semejante al del “huevo o la gallina”, pero aunque la respuesta no sea tan clara , seguramente podemos hacer algo desde nuestro lugar para transformar esta situación, y esto es buscar permanentemente estrategias que nos permitan generar propuestas de aprendizaje atractivas que despierten el entusiasmo y las ganas de aprender.
Promover las buenas prácticas dentro de la institución es una buena idea. Los docentes que consiguen despertar el interés de los chicos deben socializar las propias estrategias para que otros puedan usarlas en sus clases.
El trabajo en equipo también es clave. Cuando los docentes aprenden a compartir y aprender juntos, seguramente trasladan estas ideas a sus aulas y pueden conseguir que sus estudiantes trabajen bajo esta modalidad.
Apertura y flexibilidad: abandonar viejos paradigmas para abocarnos a nuevas ideas. ¿Un aula en silencio es un lugar que asegura que todos aprendan? ¡Claro que no! Necesitamos chicos que hablen, que discutan, que se interpelen y esto en un aula silenciosa es imposible.
La motivación del docente es fundamental. Solo un docente motivado puede contagiar motivación y entusiasmo a los chicos.

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