Mentes creativas, individuos talentosos

Por Victor Fernández Hidalgo, investigador chileno en Neurociencias

Artículo publicado originalmente en Maestra de Párvulos Nº 181 de Chile

Una educación que respeta la biodiversidad ha permitido los grandes logros de la HUMANIDAD (arte, ciencia, cultura, desarrollo científico y tecnológico, etc.). Las funciones cerebrales superiores (lenguaje, predicción, aprendizaje y memoria) adquieren su máxima potenciación cuando son flexibles, armoniosas y creativas, y dejan de lado la rigidez y la rutina tradicional. Esta última premia la repetición y la memorización extrema más que la comprensión y resolución de problemas.

De acuerdo con Miguel Martínez M. (2002), es necesario generar “un clima permanente de libertad mental (…) integral y global que estimula, promueve y valora el pensamiento divergente y autónomo, la discrepancia razonada, la oposición lógica, la crítica fundada”. El clima de libertad intelectual nos ha permitido avanzar de Australopithecus afarensis a Homo sapiens sapiens y, en el período crítico del desarrollo cerebral (0 a 6 años, con peak a los 3), construir las bases de las conductas cognitivas que a futuro impulsarán las acciones más valiosas de la especie: motivación, iniciativa, curiosidad, libre albedrío, exploración, vuelo intelectual, altruismo, fortaleza, empatía y afectividad, entre otras habilidades y destrezas. Este mosaico de capacidades plásticas, evolutivas y modificables ha promovido al hombre a la cúspide de las especies gracias a la activación de su expresión genética y al enorme impacto de las circunstancias que nos rodean.

Yo soy yo y mis circunstancias.
José Ortega y Gasset, filósofo español 

 Así, es posible generar mentes creativas e individuos talentosos. De esta forma, paso a paso, se irán concretando diversos tipos y grados de capacidades emocionales, literarias, matemáticas, musicales, etc.

Por esta razón, al respetar la biodiversidad, hacemos surgir las capacidades e intereses de niños y niñas, logramos una educación libre de imposiciones, potenciando sus expectativas y convirtiéndolos en sujetos y no objetos de su propio aprendizaje.

Respetemos las inclinaciones naturales de nuestros niños, ellos no son clones, son irrepetibles.

 

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