Niños de 9,10 y 11 años

Por Lic. Nair Balajovsky
Cada sujeto tiene su propio tiempo de maduración y cada niño presenta gustos e intereses diferentes que llevan a que algunos desarrollen ciertas habilidades antes que otros. Por tal razón, no debemos alarmarnos si observamos que alguno de nuestros estudiantes no desarrolla las mismas destrezas que los demás. Además, en muchos casos vemos retrocesos en el desarrollo de los niños debido a circunstancias externas, como podría ser el nacimiento de un hermanito, un cambio de colegio, una mudanza, la separación de los padres o alguna otra situación que modifica el funcionamiento normal. Estos desajustes suelen ser transitorios y se resuelven con el tiempo. De cualquier manera, conocer algunas características generales nos ayudará a planear mejor las actividades para ellos como también a poder detectar cualquier anomalía que merezca atención. Los niños y las niñas de Segundo Ciclo presentan un pensamiento que comienza a ser bien organizado y se amplía mucho su capacidad de análisis de las diferentes situaciones que se le presentan. Poco a poco comenzarán a formular hipótesis para solucionar sus problemas. Adquieren la capacidad de leer textos más largos y a realizar operaciones matemáticas más complejas. Mientras que a los 9 veremos todavía cierto pensamiento mágico, ya para los 11 comenzaremos a ver los primeros signos de adolescencia.


Pensamiento del tipo “yo sé todo” y desafíos a las figuras y límites de los adultos.
En esta etapa veremos por momentos comportamientos muy infantiles y por momentos comportamientos de adolescente. Comienzan a tener más autonomía, pero todavía tienen gran interés por el juego. Suele desaparecer la idea del amigo único y comienzan a tener varios amigos. Es normal la aparición de líderes en los grupos y la separación de los padres. Las relaciones afectivas ya no se basan en lo que el otro tiene para dar, sino que comienzan a valorarse las características personales de los demás. Entre los 10 y los 11 años, la necesidad de pertenencia es sumamente importante, lo que llevará a que muchas veces usen las mismas ropas, se comporten igual y se asemejen en todo lo que puedan a su grupo de amigos. Les interesa lo que los demás piensen y digan de ellos. En tanto aumenta su capacidad intelectual sus miedos se van volviendo más reales, persisten aun los temores a los sueños de tipo pesadilla, pero se suman ahora miedos más realistas: a las catástrofes, a las desgracias, al daño físico, a la muerte de seres queridos, a las enfermedades y más claramente el temor al rechazo de los pares y la preocupación por el aspecto físico. El desarrollo físico comienza a ser más claro y diferente entre los sexos en esta etapa. Puede darse el llamado “estirón” y no es raro que se vuelvan un poco torpes ya que el cerebro necesita tiempo para adaptarse a los cambios en las extremidades y en el tamaño de su cuerpo en general. Se empezarán a notar más claramente las cualidades propias de cada sexo. En esta etapa el uso de la tecnología suele estar a la orden del día. Los celulares son prácticamente una extensión de su cuerpo y el uso de las redes sociales es muy frecuente. Transgredir es una de las conductas más comunes y hasta necesarias en esta etapa. Entonces, en la medida que impongamos como prohibición el uso de celulares en el aula, esto se convertirá en una batalla estudiante/maestro que demandará muchísima energía. De hecho, desde octubre de 2016, la utilización de teléfonos celulares, tablets, notebooks
y computadoras personales está permitida dentro de las aulas de los colegios primarios y secundarios, públicos o privados, dela provincia de Buenos Aires. La Primera Encuesta Nacional sobre integración de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la Educación Básica, que Unicef presentó en diciembre de 2015, indicaba que solo uno de cada diez docentes argentinos intentó utilizar el celular en la clase. Imaginemos si, como docentes, nos paramos frente al curso y les decimos “saquen todos su celular que lo vamos a usar”, seguro que sorprenderíamos y al menos conseguiríamos la atención de los estudiantes. Si tenemos en cuenta que los mismos cuentan con mucha tecnología que podría ser útil para trabajar en el aula, quizás el celular pueda convertirse en un aliado para la clase. Se podrían utilizar las aplicaciones como calculadoras científicas, diccionarios específicos, programas de coloreado para arte, para navegar en Internet y ver imágenes de países, mapas, museos o incluso para poner música mientras desarrollan alguna actividad que lo permite. Las aplicaciones educativas son cada vez más. Además permitirían fomentar el compartir cuando alguno no tiene celular, el explicarle al otro lo que no entiende, incluso explicarles a los maestros ya que esta es un área donde los propios estudiantes saben más, generando así el aprendizaje colaborativo que en otras oportunidades mencionamos, donde todos aprendemos de todos.

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