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Elogio del descanso

 

 

 

 

 

 

 

Por Facundo Manes
Neurólogo y Neurocientífico.
Presidente de laFundación INECO y Rector de la Universidad Favaloro.
@ManesF

Las prioridades que uno se impone para su vida tienen como rasgo característico, muchas veces, el alto valor que le otorgamos a nuestro rendimiento.  En nuestro trabajo, en nuestra vida familiar, en nuestros estudios, queremos, como una máquina que se esfuerza por trepar a la cima, rendir al máximo. Pero la exigencia desmedida no es resultado de una inteligente estrategia ya que, como el motor de un automóvil, puede dañar todo el sistema, aun para cuando en el futuro solo se le pida regular.
Estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción. El estrés tiene, en principio, una función que permitiría la adaptación del individuo a los cambios del medio. Cuando las demandas del medio son excesivas, intensas y/o prolongadas, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, se produce el distress o el estrés patológico.
El distress es el resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquel como amenaza que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar. Nos estresamos cuando sentimos que no podemos afrontar lo que el medio nos solicita.
Los niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes para el cerebro mientras que los niveles prolongados y altos de estrés pueden tener efectos negativos en la memoria y otras funciones cognitivas. El estrés, tanto el físico como el psicológico, dispara la liberación de cortisol, que es una hormona producida en las glándulas suprarrenales, localizadas arriba de ambos riñones. Los receptores en el cerebro que son activados por el cortisol se denominan “receptores de glucocorticoides” y se encuentran predominantemente en dos áreas del cerebro, el hipocampo y la corteza prefrontal, ambas fundamentales para las funciones intelectuales.
La medida óptima de nuestro rendimiento no se logra a partir de una operación matemática que sume horas de esfuerzo sino más bien de una estrategia en donde se contemple también el descanso, el ocio y el esparcimiento.

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Estrés en los niños

Por Lic. Nair Balajovsky

Desde nuestro lugar de adultos, con todas nuestras preocupaciones, las cuentas que pagar, el trabajo, las relaciones sociales y todas las cosas que a diario debemos afrontar, es común que veamos el mundo de los niños como carente de sufrimiento. Está muy instalada la idea de que los niños no tienen preocupaciones. Sin embargo, los niños tienen muchísimas fuentes de preocupaciones y en muchos casos pueden padecer lo que llamamos estrés infantil.

¿Qué es el estrés?
El estrés es la reacción del cuerpo a un desafío o una demanda. Se experimenta como un sentimiento de tensión emocional y física. Según la Organización Mundial de la Salud, el estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción. El estrés es un componente que todos los seres humanos tenemos y que nos sirve para la vida. Frente a un examen, por ejemplo, es normal que los estudiantes sientan un poco de estrés, pero este debe ser por un período corto de tiempo y luego debe desaparecer. El problema se da cuando la persona siente que las demandas y las exigencias que debe enfrentar son más altas que los recursos con los que cuenta para afrontarlos. Entonces, el estrés dura por un período prolongado. A veces, el estrés se prolonga por tanto tiempo que las personas lo naturalizamos y ni siquiera sabemos que lo tenemos. Entonces, podemos presentar una serie de síntomas que parecen no tener explicación.
Los niños no quedan fuera de esto. Entre los factores que pueden influir en ellos, podemos encontrar las presiones académicas, los conflictos de los padres, las situaciones difíciles, como los casos de separación de los padres cuando son chiquitos o la ansiedad por encajar en el grupo cuando son un poco más grandes, las actividades extraescolares que a veces no dejan tiempo para la recreación. Es muy común que los padres discutan en la mesa sobre temas que les preocupan y los niños escuchen, lo que los pone ansiosos debido al esfuerzo excesivo que deben hacer para procesar toda la información que reciben. Los niños de hoy están hiperconectados, ven noticias de todo el mundo, atentados, catástrofes naturales, temas de inseguridad y les llega una gran cantidad de estímulos que a veces a los propios adultos nos cuesta entender.
Imaginemos, entonces, la cabeza de un niño tratando de comprender tanta información…
¿Cómo reconocer el estrés en los niños? La forma más fácil de advertir que un niño está pasando por un proceso preocupante es cuando vemos cambios drásticos en su conducta: cambios de humor, cambios respecto de los logros académicos, desafíos a la autoridad y sobre todo reacciones desmedidas frente a las dificultades. Un niño que rompe en llanto porque se le cayó un lápiz nos está diciendo algo. Siempre debemos tener en cuenta que los niños y los adolescentes están en cambio constante; por eso, una entrevista familiar puede
ser útil para brindarnos datos acerca de la cada situación particular y enriquecer nuestra perspectiva, más allá de lo que podamos observar diariamente en la escuela.
¿Cómo ayudar a reducir el estrés? Como docentes nuestra ayuda puede ser útil. Es
importante estar disponibles para los estudiantes, que vean en nosotros alguien en quien confiar y no solo alguien que los evalúa, empezar a hablar de las evaluaciones finales con tiempo, hacer alguna tabla, gráfico o calendario para pegarse en el aula, para que los estudiantes sepan los días con los que cuentan para prepararse. Planificar y organizarse da una sensación de mayor control y esto reduce el estrés. Además, debemos ir caso por caso; hay eventos particulares en la vida de cada estudiante que pueden ser generadores de estrés: la muerte de algún familiar cercano, enfermedades, separaciones, mudanzas y cuestiones normales. Si los docentes tenemos paciencia y consideración, podemos
mantener a raya el estrés. Se puede ser menos exigente durante un tiempo con un niño que está atravesando un proceso de este tipo. Es cuestión de ser flexibles y estar
ahí para ellos, ofreciéndoles una mano que puede cambiarles la vida.

 

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