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Los Acuerdos Institucionales de Convivencia

EL DESAFÍO DE ENCONTRAR RESPUESTAS AL CONTEXTO ACTUAL

En los pasillos de las escuelas se suele escuchar hablar de transgresión, falta de límites, desinterés, provocación, etcétera. Sería más fructífero pasar de la queja al trabajo y a la reflexión sobre las situaciones que se presentan, y poder así mejorar la convivencia en el aula y en la institución.
Interactuar, dialogar, participar, comprometerse, compartir, disentir, discutir, acordar, son algunas de las acciones que deben integrar el proceso de construcción, revisión y reformulación del Acuerdo Institucional de Convivencia (AIC).
En las escuelas primarias se impulsa el Régimen Académico (RAP) destinado a regular las trayectorias educativas en lo atinente a inscripción, asistencia, evaluación, acreditación, calificación, promoción y egreso, así como a la organización de las instituciones, su convivencia y su comunicación.
Convivir armónica y solidariamente en una comunidad educativa solo es posible cuando cada uno de sus miembros asume como propias una serie de actitudes y normas que permiten reconocer en uno mismo y en el otro, a sujetos dignos de respeto y consideración.
El orden en la vida escolar es un valor que favorece el desarrollo fecundo de las capacidades personales en la medida en que cada persona y cada cosa ocupen el lugar que les corresponde. El AIC tiene un marco regulatorio general y cada colegio le pone su sello propio, en relación con sus características institucionales y con la población atendida. Es un espacio de regulación de las relaciones vinculares que involucran y obligan a su efectivo cumplimiento a docentes, alumnos, padres o responsables, personal directivo,
administrativo y auxiliar de la comunidad educativa.
La escuela primaria tiene como prioridad generar y afianzar los procesos dedemocratización de los vínculos y de las prácticas escolares, garantizando el crecimiento personal y la participación responsable de los alumnos, favoreciendo el ejercicio de la  libertad, el compromiso, el diálogo y la valoración de las diferencias. Es una herramienta muy provechosa, en tanto se permita realizar cambios y transformaciones, que son el ejercicio de acciones que intentan acercarse a una mejor convivencia institucional.
Las instituciones educativas deben generar mecanismos que mejoren los aprendizajes de todos los alumnos y, a su vez, brindar un clima de convivencia democrática: cuerpo docente, alumnos, equipo directivo, padres y demás participantes de la vida institucional.
El proceso de elaboración y puesta en marcha del AIC requiere del compromiso y el establecimiento de adecuados canales de comunicación de todos los actores institucionales. A través del debate público, la consulta y la participación de todos, será posible garantizar la convivencia democrática en la escuela.
La convivencia es algo que se construye, que se produce social y colectivamente. Requiere de condiciones sociales e institucionales mínimas, pues ante todo es fruto del acuerdo.
Implica un compromiso con la libertad, con la solidaridad, con la tolerancia, con el espíritu democrático, con la dignidad, con la cooperación y con la plena vigencia de los derechos humanos. Por todo lo anterior, sabemos que no es algo aislado sino que está inserto dentro del Proyecto Institucional, por lo que funciona como eje transversal que se pone de manifiesto tanto en la dimensión curricular como en las prácticas institucionales.
El AIC debe basarse en los principios de cooperativismo y solidaridad, comunicación, aprecio por la diversidad, expresión positiva de las emociones y resolución de situaciones conflictivas. Los docentes deben generar estrategias de integración que permitan
relacionar las distintas áreas académicas con el objetivo de ayudar a los estudiantes a concretar un aprendizaje interdisciplinario y social.
La controversia académica permitirá a los docentes usar la cuestión conflictiva en su disciplina para promover la motivación y un mayor nivel de razonamiento, lo que en definitiva conduce a mejores logros de aprendizaje. Dicha controversia surge cuando se da cierta disparidad entre las ideas, informaciones, teorías y opiniones de los alumnos y ambas partes buscan un acuerdo que se resuelve discutiendo las ventajas y desventajas de cada discurso en pos de sintetizar una solución creativa, que también contemple la posibilidad de disentir en un clima armónico.

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Lo que no podemos dejar de saber

Por Marcela Guerrero

La época en la que vivimos hace que las ciencias estén abocadas a la búsqueda constante del desarrollo del potencial humano, el cual está directamente relacionado con el complejo accionar del sistema nervioso central y del cerebro en conjunción con las influencias del medioambiente.
Lo que comemos, lo que hacemos, nuestra calidad de vida y nuestros afectos influyen en nuestro cerebro, órgano hipersensible a las carencias físicas y afectivas. En el cerebro confluye lo que una persona fue, es y puede llegar a ser, en estrecha relación con las circunstancias ambientales. Se sabe que no es en el corazón donde se ubica la predisposición a amar, perdonar, tener miedo, ser pesimista o ver la vida con alegría. Es el cerebro el motor de todas estas capacidades y habilidades. Biológicamente todos los cerebros tienen rasgos similares, pero también son diferentes, moldeados por la interacción con el contexto social. En los primeros veinte años de vida se ponen en juego información y mecanismos cognitivos, emocionales y lingüísticos que se constituyen en ladrillos fundamentales de nuestro sistema nervioso, aun desde el útero materno. Estos componentes y conexiones evolucionan y se reformulan a lo largo de los años. Las neurociencias aportan al campo pedagógico conocimientos fundamentales acerca de las bases neuronales del aprendizaje, de la memoria, de la atención y de la comprensión. Todo agente educativo debiera conocer y entender cómo aprende el cerebro, cómo procesa y almacena, cómo es frágil frente a determinados estímulos. En este sentido es un requisito indispensable para la innovación pedagógica que los educadores se relacionen directamente con el conocimiento del “cómo aprendemos”, en su rol transformador. En el cerebro encontramos la respuesta no solo a las estructuras mentales del alumno sino a las del maestro. Cabe destacar que, cuando se vincula la ciencia con el aprendizaje, debemos discriminar lo que está validado, los supuestos y los conceptos que se han ido esparciendo como “neuromitos”. Lo más importante para un educador es comprender que, a través de nuestras planificaciones, palabras, emociones y actitudes, ejercemos una enorme influencia en el desarrollo del cerebro de nuestros alumnos. Empaparse en este campo no implica llevar la investigación a las esferas de la medicina sino tener presentes principios básicos que ahondan en la forma de aprender-enseñar eficaz en relación con el funcionamiento de este órgano.

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3 aspectos clave para construir equipos

Una escuela donde los maestros y demás actores educativos desempeñan sus funciones de manera aislada no avanza, y encuentra fracturas que impiden el logro de sus metas. En cambio, aquellas escuelas donde se trabaja en equipo poseen más posibilidades de que los procesos de enseñanza–aprendizaje que se desarrollan en ellas sean más eficientes y eficaces. Muchos autores coinciden en afirmar que “construir una escuela es una tarea colectiva”.
La otra cara de la moneda es también tener en claro que, junto a los equipos de trabajo y al trabajo colectivo, también aparecen las situaciones problemáticas y las tensiones entre las
personas que los conforman. He aquí la importancia de una mirada que esté por encima de las individualidades y que tome un rol coordinativo: en muchas oportunidades dicho rol lo ejercen los directivos.

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Aprender a pensar más para pensar en aprender mejor

Por Lic. Adriana P. Marinsalta

El pensamiento es un proceso cognitivo cuyos puntos de partida y resultado están dados por los requerimientos del equilibrio adaptativo individual y que se expresa en el comportamiento. En tal sentido, pensar bien puede estar muy ligado a los conocimientos, las habilidades, las actitudes y la conducta del pensador.
El impacto que desde el ámbito educativo se puede provocar trabajando, sobre las nuevas generaciones, en el ejercicio cotidiano de la habilidad de pensamiento por encima de la memorización puede marcar un gran cambio en el resultado final de la impronta de cada alumno.
Un pensamiento eficaz se habilita cuando se es persistente, reflexivo, preciso y exacto; cuando se aprende a escuchar y a comunicar; cuando se es creativo, imaginativo, innovador y abierto hacia lo nuevo, aunque sea desconocido. También se piensa efectivamente cuando se aprende a ver las posibles consecuencias, cuando se cuestiona, se corren riesgos, se cometen y corrigen errores, tanto es así que se puede afirmar, sin dudas, que “pensar de manera errónea es mejor que no pensar”.
Expresar el pensamiento que se construye de manera activa y crítica viabiliza los aprendizajes y la formulación de conceptos con sustento propio. Desde el aula, decir sí al sentido crítico, a la posibilidad de que esta nueva generación disponga de personalidad, con ideas y opiniones propias que, a su vez, pueden ser argumentadas, discutidas y hasta modificadas, abre puertas a una ciudadanía más capaz, más criteriosa y, por lo tanto, más responsable.
Estrategias
Averiguar es buscar y descubrir la verdad. Es investigar, estudiar, detenerse a pensar. No es adivinar, donde lo que se pone en juego es la observación, la asociación y la discriminación para acertar una respuesta.
Imaginar es percibir una cosa que no se ha experimentado. Las experiencias previas y la creatividad sirven de apoyo a la imaginación.
Observar es descubrir cosas, notar, darse cuenta, decir, percibir, comparar y clasificar. Aquí juegan todos los sentidos, la curiosidad y la atención selectiva.
Buscar alternativas es procurar distintas maneras de ver o hacer algo, admitiendo y descubriendo otras posibilidades y no solo lo que propone la mayoría.
Formular hipótesis es proponer un enunciado que daría una posible solución a un problema.

A partir de la movilización de las habilidades de pensamiento se abren posibilidades diferentes de intervenir y organizar el grupo generando una transformación que favorece, en los alumnos, la autoevaluación, la autonomía y

 

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